lunes, julio 29, 2013

Francisco, Papa Revolucionario.

Habla de la corrupción en el Vaticano, del papel de la mujer, de su relación con Benedicto XVI, de la actitud de la Iglesia ante las nuevas familias y de los divorciados



29 de julio de 2013.- (Andrea Tonielli / Vatican Insider / Camino Católico) Una hora y veinte minutos, sometido al fuego de las preguntas abiertas, sin previa preparación. Una conferencia de prensa verdadera, a la que ha querido someterse inmediatamente después de despegar, a pesar del cansancio por la semana que acaba de pasar en Río de Janeiro. El Papa Francisco ha sorprendido a los periodistas y a su séquito pues no ha dejadoó de responder ninguna de las preguntas, incluso las más delicadas y espinosas, desde la reforma del IOR hasta el caso Ricca, desde el lobby gay hasta los vatileaks o el contenido de la bolsa de cuero negra que llevó personalmente como equipaje de mano al subir al avión. Esta es la transcripción de la conversación en la que Bergoglio ha demostrado que se encuentra como pez en el agua con los periodistas. Es evidente que desde el inicio había planeado hacer esta conferencia de prensa durante el vuelo de regreso y no durante la ida. Para evitar que las noticias y títulos centrales pudieran opacar de alguna manera su viaje a Brasil en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud. La enésima prueba de que el nuevo Papa se comunica más que bien y que no necesita de ningún spin doctor. Esto es lo que ha dicho el Papa Francisco:

El IOR debe cambiar

Todo lo que tenía que hacer venía de las congregaciones generales de los cardenales antes del cónclave. La comisión de ocho cardenales es importante que provengan del exterior va en la línea de una maduración de la relación entre sinodalidad y primado. Hay muchas propuestas de reforma, por ejemplo de la Secretaría de Estado. Y luego está el IOR. Yo había pensado tratar la cuestión el año que viene, pero la agenda cambió por los problemas que hay que afrontra y que ustedes bien conocen. ¿Cómo reformarlo y sanar lo que hay que sanar? Nombré a una comisión referente. No sé cómo va a acabar el IOR: algunos dicen que sería mejor tener un banco, otros que sería necesario un fondo de ayuda, otros más dicen que lo cerremos.  Confío en el trabajo de las personas del IOR y de la comisión que están trabajando por todo esto. No les puedo decir cómo va a terminar: se prueba, se busca... Pero lo cierto es que, se convierta en lo que se convierta el IOR, se necesita transparencia y honestidad.

El contenido de la bolsa de cuero negra

Me subí al avión llevando mi bolsa porque es lo que hago siempre. ¿Qué tiene adentro? El rastrillo, el breviario, la agenda y un libro para leer. He traído un libro sobre Santa Teresita, de la que soy muy devoto. Es normal llevar una bolsa, tenemos que ser normales, tenemos que acostumbrarnos a ser normales y me sorprende el hecho de que la imagen de la bolsa haya dado la vuelta al mundo. Como sea, no era la valija con la llave para la bomba nuclear...

¿Por qué siempre pide Reza por mí”?

Reza por mí”, siempre lo he pedido. Cuando era sacerdote lo pedía menos, no tanto. Empecé a pedirlo más como obispo. Me siento con muchos límites y con muchos problemas, también soy pecador. Esta petición es algo que me viene de dentro. También le pido a la Virgen que rece por mí. Es una costumbre que me viene del corazón, siento que tengo que pedir.

Los cambios y las resistencias en la Curia

Los cambios fueron pedidos por los cardenales antes del cónclave, y luego también está lo que viene de mi personalidad. Por ejemplo, no podría vivir solo en el palacio. El aposento papal es grande, pero no es lujoso. Pero yo no puedo vivir solo con un pequeño grupito de personas. Necesito vivir con gente, encontrar a la gente. Por esto dije que son motivos psiquiátricos: psicológicamente no podía y cada uno debe partir de su forma de ser. De cualquier manera, también los aposentos de los cardenales son austeros, al menos los que conozco. Cada uno tiene que vivir como el Señor le pide que viva. Pero una austeridad general es necesaria para todos los que trabajan al servicio de la Iglesia. Hay santos en la Curia, obispos, sacerdotes y laicos, gente que trabaja. Muchos que van con los pobres a escondidas o que en su tiempo libre van a alguna Igleisa y ejercen el ministerio. Y luego, hay algunos que no son tan santos y estos provocan ruido, porque, como saben ustedes, hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. A mí me provoca dolor ver que suceden estas cosas. Tenemos este monseñor (referencia a Nunzio Scaranno, contador de la APSA, ndr) que está en la cárcel. ¡No fue a dar a la cárcel porque se pareciera a la beata Imelda! (expresión muy usada en Argentina para decir que uno no tiene nada de sanro, ndr). Creo que la Curia ha caído un poco con respecto al nivel que tenía hace tiempo, cuando había algunos viejos curiales fieles que hacían su trabajo. Necesitamos el perfil de los viejos curiales. Si hay resistencias, todavía no las he visto. Es cierto que no he hecho tantas cosas, pero he encontrado ayuda, gente leal. A mí me gusta la gente que me dice: Yo no estoy de acuerdo. Estos son los colaboradores leales.  Y luego, también están los que delante de ti te dicen qué bonito de todo, pero después, tal vez, salen con lo contrario. Pero de estos todavía no he visto.

¿Por qué no dijo nada en Brasil sobre el  aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo?

La Iglesia ya se ha expresado sobre estos argumentos, la Iglesia y atiene una psotura clara. Y durante el viaje a Brasil era necesario hablar positivamente.

¿Por qué definirse obispo de Roma no significa ser un primus inter pares?

No hay que leer más allá de las palabras. El Papa es obispo, es obispo de Roma y de allí le viene todo. Es el primer título, luego vienen los demás títulos. Pero creer que esto quiere decir que el sucesor de Pedro es un primus inter pares significa ir más allá. Subrayar el primer título, el del obispo de Roma, puede favorecer el ecumenismo.

El trabajo de obispo y de Papa...

Hacer el trabajo de obispo es una cosa hermosa. El problema es cuando alguien busca este trabajo, ya no es tan hermoso. Siempre existe el peligro de pensarse un poco superiores a los demás, de sentirse un poco príncipes. Pero el trabajo de obispo es hermoso: debe estar delante de los fieles, en medio de los fieles y detrás de los fieles. Cuando era obispo en Buenos Aires era feliz. Era muy feliz. ¿Y cómo Papa? También. Cuando el Señor de pone allí, si aceptas hacer lo que el Señor te pide, eres feliz.

Sobre los próximos viajes...

No hay nada definido. En Italia espero poder ir algún día a visitar a mis parientes en el Piamonte, me gustaría ir con el avión, un solo día. El patriarca Bartolomeome invitó a Jerusalén en ocasión de los cincuenta años del viaje de Pablo VI y del encuentro con Atenágoras, que sucedió allí. Hay una invitación del gobierno israelí y de la Autoridad Palestina. Por ahora no iré a América Latina: un Papa latinoamericano que ya hizo el primer viaje a América Latina. ¡Hasta luego! En este momento la Argentina puede esperar. Hay que ir a Asia, a donde Benedicto XVI no pudo ir. El 30 de noviembre quería ir a Constantinopla, para la fiesta de San Andrés, pero no me es posible por motivos de agenda. También hay una invitación a Fátima...

El Papa que se siente enjaulado...

¡¿Saben cuántas veces he tenido ganas de ir por las calles de Roma?! Me gusta tanto. Caminar es una de mis costumbres, era un sacerdote callejero. Pero estos de la Gendarmería son buenos, muy buenos, y ahora me permiten hacer algunaque otra cosa más.

El problema de la seguridad en Brasil

A propósito de todas las hipótesis que se hicieron sobre la seguridad: no hubo ni un solo accidente en toda Río de Janeiro en estos días. Y todo fue espontáneo. Con menos seguridad pude abrazar a la gente. Quise confiar en un pueblo. Es cierto, que existía el riesgo de que hubiera algún loco, pero también está el Señor. No quise el coche blindado porque no se puede blindar a un obispo de su pueblo. Prefiero la locura de esta cercanía que nos hace bien a todos.

Sobre el avión papal

Este avión no tiene cosas especiales, no hay cama. Hice una petición, con una carta o con una llamada, para decir que no quería lujos especiales en el vuelo.

Las mujeres en la Iglesia

Una Iglesia sin las mujeres es como el colegio apostólico sin María. El papel de las mujeres es el ícono de la Virgen. Y la Virgen es más importante que los apóstoles. La Iglesia es femenina porque es esposa y madre. Se debe seguir adelante, no se puede entender una Iglesia sin mujeres activas en ella. Pongo un ejemplo que no tiene nada que ver con la Iglesia: para mí, la mujer del Paraguay es una mujer gloriosa. Después de la guerra (referencia a la sangrienta guerra entre Paraguay y Brasil que comenzó en 1864 y terminó en 1870, ndr.) quedaba un hombre por cada ocho mujeres. Y tomaron la decisión de tener hijos, de salvar la patria, la cultura, la fe. En la Iglesia se debe pensar en la mujer desde esta perspectiva. No hemos hecho todavía una teología de la mujer. Hay que hacerlo. En cuanto a las ordenaciones de las mujeres, la Iglesia ha hablado y ha dicho que no. Juan Pablo II se pronunció con una formulación definitiva, esa puerta está cerrada. Pero recordemos que María es más importante que los apóstoles obispos, y así la mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los sacerdotes.

La relación con Benedicto XVI

La última vez que ha habido dos o tres Papas juntos no se hablaban, sino que luchaban para ver quién era el verdadero Papa. Yo a Benedicto XVI lo quiero mucho, es un hombre de Dios, un hombre humilde, un hombre que reza. Me puse feliz cuando fue elegido Papa, y luego vimos su gesto de la renuncia... para mí es un grande. Ahora vive en el Vaticano y hay algunos que me preguntan si me estorba. No, para mí es como tener a un sabio en la casa. Cuando en la familia está el abuelo, lo veneran y lo escuchan. Benedicto XVI no se entromete. Para mmí es como tener al abuelo en casa, es mi papá. Si tengo una dificultad, puedo ir a hablar con él, como hice con el gran problema de vatileaks... Cuando recibió a los cardenales el 28 de febrero para despedirse, dijo: entre ustedes está el nuevo Papa, a quien yo, desde ahora, prometo mi obediencia. ¡Es un grande!

Sobre los sacramentos a los divorciados que se han vuelto a casar

Es un tema que vuelve siempre. Creo que ha llegado el tiempo de la misericordia, este cambio de época en el que hay muchos problemas incluso en la Iglesia, incluso en el testimonio no tan bueno de algunos sacerdotes. El clericalismo ha herido a mucha gente y hay que ir a curar a estos heridos con la misericordia. La Iglesia es mamá, y en la Iglesia se debe encontrar misericordia para todos. Y no hay que esperar a los heridos, hay que ir a encontrarlos. Creo que ha llegado el momento  de la misericordia, como había intuido Juan Pablo II que instituyó la fiesta de la Divina Misericordia. Los divorciados pueden hacer la comunión, son los divorciados en segunda unión los que no pueden. Hay que ver el tema en la totalidad de la pastoral matrimonial. Abro un paréntesis: los ortodoxos, por ejemplo, siguen la teología de la economía y permiten una segunda unión. Cuando se reúna el grupo de los ocho cardenales, en los primeros tres días de octubre, trataremos sobre cómo seguir adelante en la pastoral matrimonial. Estamos en camino para una pastoral matrimonial más profunda. Mi predecesor en Buenos Aires, el cardenal Quarracino, siempre decía: Para mí, la mitad de los matrimonios son nulos, porque se casan sin saber que es para siempre, porque lo hacen por conveniencia social, etc.... También debemos estudiar el tema de la nulidad.

Todavía me siento jesuita

Los jesuitas deben obedecer al Papa, pero si el Papa es jesuita, ¿a quién obedece? ¿Tal vez al superior general? Me siento jesuita como espiritualidad, pero me veo como jesuita y pienso como jesuita, pero no hipócritamente.

El caso Vatileaks

Cuando fui a ver a Benedicto XVI a Castel Gandolfo, vi que en la mesita había una caja y un sobre. Benedicto XVI me dijo que en la caja estaban todos los testimonios de las personas escuchadas por la comisión de los tres cardenales sobre el caso vatileaks, mientras que en el sobre estaban las conclusiones, el resumen final. Benedicto XVI sabía todo de memoria. Es un problema enorme, ¡pero no me espanté!

Los ortodoxos

Las Iglesias ortodoxas han conservado una liturgia muy hermosa. Nosotros hemos perdido un poco el sentido de la adoración. Ellos adoran a Dios y le cantan, no cuentan el tiempo. Una vez, hablando sobre Europa occidental y sobre su Iglesia, me dijeron que ex Oriente lux, ex Occidente luxus, es decir del Oriente la luz, del Occidente el consumismo y el bienestar que tanto daño hacen. En cambio, los ortodoxos conservan esta belleza de Dios en el centro. Cuando se lee a Dostoievsky, se percibe cual es el alma rusa y oriental. Nos hace mucha falta este aire fresco del Oriente, esta luz.

Las acusaciones contra Ricca, prelado del IOR

En el caso de monseñor Ricca (el prelado del IOR acusado inmediatamente después de su nombramiento de conducta escandalosa por hechos de hace 13 años, cuando prestaba servicio en la nunciatura de Uruguay, ndr), hice lo que el Derecho canónico indica que hay que hacer: una investigación previa. No se encontró nada de aquello de lo que se le acusaba. ¡No encontramos nada! Muchas veces en la Iglesia se van a buscar los pecados de juventud y luego se publican. No estamos hablando de delitos, como abusos en contra de menores, que son una cosa muy diferente, sino de pecados. Pero si un laico, o sacerdote o monja ha cometido un pecado y luego se convirtió y se confesó, el Señor perdona, olvida. Y nosotros no tenemos el derecho de no olvidar, porque corremos el riesgo de que el Señor no se olvide de nuestro pecados. Muchas veces pienso en San Pedro, que cometió el pecado más grave, renegó a Cristo. Sin embargo lo hicieron Papa. Pero, repito, sobre monseñor Ricca no encontramos nada.

El lobby gay

Se escribe mucho sobre el lobby gay. Yo, hasta ahora, no he encontrado en el Vaticano a nadie que haya escrito gay en su documento de identidad. Hay que distinguir entre ser gay, tener esta tendencia, y hacer lobby. Los lobby todos, no son cosas buenas. Si una persona es gay y busca al Señor con buena voluntad, ¡¿quién soy yo para juzgarlo?! El Catecismo de la Iglesia católica enseña que no hay que discriminar, sino acoger. El problema no es tener esta tendencia, el problema es hacer grupos, y esto vale tanto para los lobbies de negocios, políticos o masónicos.


viernes, mayo 17, 2013

El Chile Real por David Gallagher

Según las encuestas del CEP, el Chile real, el de las mayorías, es muy distinto del que perciben sus élites, sean estas políticas, empresariales, sindicales, estudiantiles o periodísticas. Las élites nos hacen creer que vivimos en un país polarizado y crispado. Pero la verdad es que son solo ellas las que padecen de esa excitada condición. Los chilenos de a pie son en gran parte apolíticos y moderados. Lejos de estar en una acendrada lucha ideológica, privilegian su vida privada, su trabajo, sus amistades y sus diversiones.

En agosto del 2012, el CEP descubrió que la mitad de sus encuestados "nunca"-repito, "nunca"- leía noticias sobre política, y muchos más no conversaban "nunca" sobre política con sus amigos o familia, siendo que los que sí incurrían "frecuentemente" en esas prácticas apenas superaban el 10%. Un aplastante 81% no seguía "nunca" temas políticos en medios sociales como Facebook o Twitter, y un porcentaje similar no trataba "nunca" de influir políticamente en alguien. Quizás estos resultados cambien algo en un año electoral, pero son impactantes, dada la imagen que existe de que vivimos en pie de guerra, pendientes de la próxima convocatoria a movilizarnos. Por otro lado, en este país de individuos y de gente de familia, una gran mayoría de los encuestados simplemente no se deja convencer por las categorías políticas ofrecidas por las élites. Si se les pregunta si son de la Concertación o de la Alianza, o de izquierda, derecha o centro, gana de lejos un olímpico "Ninguno". Ni siquiera el "centro" atrae, si bien las respuestas a otras preguntas indican que, en la práctica, la mayor parte de los encuestados se ubica en ese espacio.

Un país así tendría que ser muy estable, pero en Chile las élites nos están llevando a posiciones tan extremas, que hay dudas respecto de nuestra futura gobernabilidad. Algunos culpan a la combinación de primarias y voto voluntario. Según los expertos, conduce a que voten solo los militantes más duros de las coaliciones políticas, lo que hace que los candidatos se vuelvan ellos mismos muy duros. Pero la polarización de las élites parece haber comenzado mucho antes, y no es la primera vez que se da. ¿O creemos que una mayoría de chilenos quería, hacia 1970, llegar a los feroces enfrentamientos que hubo?

Entre las élites sí hay, desde luego, mucha gente moderada, incluso gente de espíritu transversal, pero esta apenas se atreve a manifestarse, porque en el ambiente actual hay que andar con la camiseta puesta. Por otro lado se ha instalado en el país un mito, según el cual ya no son posibles los acuerdos transversales, porque "Chile cambió", y estos acuerdos ya no son tolerados por una "calle" o una "ciudadanía" que los considera inmorales. Este mito ha sido impuesto en parte por las élites estudiantiles que, con envidiable desparpajo, pretenden representar a esa ciudadanía, pero ha invadido a las élites en general, porque estas temen contrariar a quienes las intimidan con su juventud.

Que los estudiantes ataquen acuerdos de antaño es entendible, porque no participaron en ellos, teniendo mucho que aportar, y no hay duda de que los acuerdos futuros tienen que ser muy inclusivos. Pero eso no significa que no se den, ni que sea más moral librarse a una guerra de todos contra todos. Los países que avanzan son los que generan consensos, como el México de hoy, donde se firmó hace poco un envidiable "Pacto por México" para enfrentar los problemas estructurales del país. No tenemos alternativa a un acuerdo similar en Chile. Por eso es tan vital cuidar -y confío en que podremos- las instituciones autónomas y transversales que tengamos. En el ámbito público, una como el Banco Central, y en el privado, una como el CEP.

jueves, abril 25, 2013

Una visión boliviana de la demanda en La Haya


Frondosa e inútil delegación a La Haya

(De www.eldiario.net de Bolivia)

Los días precedentes estuvieron cargados por todo lo que se dijo que se haría para las gestiones ante el Tribunal Internacional de La Haya. Todo culminó con el hecho de que partió una delegación muy numerosa presidida por el Canciller de la República e integrada por el ex presidente Eduardo Rodríguez Veltzé, designado recientemente como “responsable de los planteamientos que se hagan en relación con el problema marítimo”.
La numerosa delegación estuvo integrada por el Canciller, varios ministros, ex ministros y, por supuesto, personajes del MAS que tienen funciones en la burocracia gubernamental. El hecho, por lo insólito, alarmó a la comunidad nacional que, desde todo punto de vista, considera como inútil semejante despliegue de funcionarios oficiales que si bien ocupan cargos en el Gobierno, seguramente no saben ni entienden lo que vayan a hacer en el Tribunal Internacional cuando se sabe que solamente hay que entregar el documento y, a lo más, presentar al embajador Rodríguez Veltzé como responsable de las gestiones que vayan a efectuarse.
La extrañeza es grande porque, en primer lugar, el embajador Rodríguez, ex Presidente de la República, recién fue posesionado hace pocos días; segundo, él, como responsable, debió escoger a su personal -sin fijarse en militancias y cuestiones partidistas- y prácticamente, desconociendo su investidura, se designó a personas que nada tienen que ver con el caso (aunque el problema marítimo sea de interés de todos los bolivianos); tercero, el documento se lo debió presentar después de serios estudios, análisis pormenorizados, acumulación de antecedentes y examen de documentos, de casos similares que haya habido en el mundo sobre presentación de reclamos, etc.; cuarto, la delegación está integrada por personas ajenas, sólo con pocos conocimientos históricos, y, en algunos casos, con personas cuyos antecedentes no son respetables (casos Chaparina, lucha anticorrupción, por ejemplo).
La verdad es que el caso se presenta como un “show” a representarse por malos actores, y todo con fines netamente demagógicos y populistas que, en vez de mostrar posiciones ajustadas a la verdad y la justicia, lo que hace es darle más razón a Chile que ha preparado sus respuestas con la anticipación, cuidado, esmero, dedicación y responsabilidad durante mucho tiempo. Esta vez más, jugamos en nombre del país un triste papel, en el que el protagonista principal es un ex Presidente que, en todo caso, debió cumplir, desde el comienzo, una posición más digna estudiando el caso, sometiendo el problema a juristas, ex cancilleres, ex presidentes de la República y hombres probos y especialistas en derecho internacional y, recién, luego de mucho tiempo, hacer la presentación respectiva que, además, con seguridad que La Haya tomará mucho tiempo en verlo y, mucho más, en resolver lo que buscamos o desestimar nuestros reclamos.
Lamentable es que en este problema, Chile -aun sin tener razón- esté mejor preparado y sepa encarar un asunto que es vital por su importancia.

martes, abril 09, 2013

Thatcher, su Legado y la Inspiración Chilena, por Hermógenes Pérez de Arce

Margaret Thatcher personificaba lo que debe ser un gobernante de derecha, primero, porque su ideario estaba fundado en la libertad personal; segundo, porque tenía el coraje político para hacer prevalecer la ley y el orden; tercero, porque simbolizaba el respeto por los derechos personales; y cuarto, porque defendía la solidez familiar.

No puede hablarse de un gobierno de derecha si no hay autoridad. Cuando, estando ella en el poder, los politizados sindicatos del carbón se alzaron en huelga ilegal en su contra y resistieron su plan de tornar económica esa actividad, cerrar yacimientos con pérdidas y privatizar otros, simplemente se les enfrentó y nunca cejó. Como la izquierda hace en todas partes, esos sindicalistas optaron por las "tomas" y el empleo de la fuerza, pero Margaret Thatcher desplegó con energía la fuerza policial y si bien le tomó años y enormes pérdidas económicas, al final consiguió derrotar el movimiento ilegal. Un dicho suyo reflejó su actitud en esos cruciales años: "Soy extraordinariamente paciente, siempre que al final se haga lo que yo pienso".

Era adversaria del "consenso". Lo definía como "el proceso de abandonar todas las convicciones, valores y políticas en busca de algo en lo cual nadie cree, pero nadie objeta. Es el proceso de eludir los propios problemas que se debe resolver, meramente porque no es posible obtener un acuerdo en el camino a seguir. ¿Qué gran gesta podría haber sido emprendida bajo la enseña de 'yo combato por el consenso'?"

Cuando tenía la convicción de estar en la razón nada la arredraba. Por eso emprendió una tarea enorme, ardua y distante cuando Argentina invadió las Malvinas, y no cejó hasta la victoria final. Como, recién consumada esa invasión, el presidente argentino Galtieri anunció que ella era "el primer paso en la recuperación del territorio insular argentino", y era sabida su ambición de usurpar las islas australes chilenas, nuestro país se convirtió en aliado natural de Gran Bretaña y actuó como tal, en forma discreta y sin dejar de cuidar la relación con nuestros vecinos. Porque sabíamos que el siguiente zarpazo venía contra nosotros. 

Ese episodio creó un vínculo especial entre el gobierno militar chileno y el régimen conservador británico, que el laborismo, como es habitual en todo socialismo, después traicionó, haciéndose cómplice de la ilegal detención en territorio inglés del ex presidente chileno Augusto Pinochet. Margaret Thatcher se jugó entera por su libertad, que al final se logró. Y se jugó por ella más que muchos chilenos, porque desgraciadamente el temple de ella dejó de darse en estas tierras junto con el término del siglo XIX.

La conocí personalmente y también conocí la inspiración de sus políticas a través de su economista de mayor confianza, Alan Walters, y sé de primera mano cuánto incidieron las políticas liberalizadoras, desregulatorias y privatizadoras del Gobierno Militar en las que se practicaron en Gran Bretaña. Por eso siempre he sostenido que el eco mundial alcanzado por la revolución económico-social chilena de 1973-1990 fue enorme y resonó más allá de nuestras fronteras.

Margaret Thatcher tuvo gran influencia en la caída de la Cortina de Hierro y del Muro de Berlín. Apenas conoció a Michail Gorbachov dijo: "Este es un hombre con el cual podemos hacer negocios", porque advirtió desde un principio que estaba comprometido con la libertad y los derechos humanos de sus semejantes. Como, por definición doctrinaria, no pueden coexistir el socialismo con la libertad y el respeto a los derechos humanos, el derrumbe de las tiranías comunistas era sólo cuestión de tiempo.

Cuando Brezhnev dijo: "Nunca más permitiremos otro Chile" y fundó su ataque a nuestro país en sus críticas a supuestos atropellos a los derechos humanos acá, no se dio cuenta de que ponía una bomba de tiempo bajo su sillón de dictador omnímodo, pues el resto del mundo le exigió a él respetar los derechos humanos y por eso su régimen se vino abajo aún antes del término democrático del gobierno militar chileno, al cual intentó en vano derrocar por la fuerza de las armas, el terrorismo y la contrapropaganda, que así y todo nos hizo un tremento daño. Por eso el historiador Paul Johnson ha escrito que el último éxito propagandístico que obtuvo el KGB "antes de ser lanzado al basurero de la historia" fue la campaña de desprestigio contra Pinochet.

Cuando Margaret Thatcher y yo conversamos con motivo de una entrevista que le hice para "El Mercurio", le pregunté sobre sus autores preferidos. Me dijo que, en lo filosófico y moral, era C. S. Lewis, y en lo económico-social, Friedrich von Hayek, y en particular su libro "Camino de Servidumbre". "Está todo ahí", me expresó, refiriéndose a esta obra.

Ha muerto una figura política de derecha posiblemente irreproducible y única. Está por verse que exista en el mundo contemporáneo alguien capaz de llenar el vacío de coraje, energía y pensamiento que deja su partida.

domingo, marzo 17, 2013

Competitiveness in the United States (The Economist)

Luckily, dysfunction in Washington is only one side of America’s story

Mar 16th 2013 |From the print edition

“THE greatest nation on earth—the greatest nation on earth—cannot keep conducting its business by drifting from one manufactured crisis to the next. We can’t do it,” fulminated Barack Obama last month. The crisis of the moment, the “sequester” (a package of budget cuts designed to be so ghastly that Congress would pass a better version), duly came into effect on March 1st. Unless Congress agrees on an extension to its budget, the government will start to shut down on March 28th. In May the greatest nation will hit its debt ceiling; unless it is raised, Uncle Sam will soon start defaulting on his bills.

This is the America that China’s leaders laugh at, and the rest of the democratic world despairs of. Its debt is rising, its population is ageing in a budget-threatening way, its schools are mediocre by international standards, its infrastructure rickety, its regulations dense, its tax code byzantine, its immigration system hare-brained—and it has fallen from first position in the World Economic Forum’s competitiveness rankings to seventh in just four years. Last year both Mr Obama and his election opponent, Mitt Romney, complained about the American dream slipping away. Today, the country’s main businesses sit on nearly $2 trillion in cash, afraid to invest in part because corporate bosses cannot imagine any of Washington’s feuding partisans fixing anything.

Yet there is also another America, where things work. One hint comes from what those bosses like to call the real economy. Recent numbers from the jobs market and the housing sector have been quite healthy. Consumer balance-sheets are being repaired. The stockmarket has just hit a record high. Some of this is cyclical: the private sector is rebounding from the crunch. But it also reflects the fact that, beyond the District of Columbia, the rest of the country is starting to tackle some of its deeper competitive problems. Businesses and politicians are not waiting for the federal government to ride to their rescue. Instead, as our special report this week shows, they are getting to grips with the failings Congress is ignoring.

America the beautiful

One reason for optimism is that America’s inventors are as busy as they have ever been, and its entrepreneurs are seizing on their ideas with the same alacrity as always. Investment in research and development as a share of output recently matched the previous record, 2.9% of GDP, set at the height of the space race. America is home to 27 of the 30 universities that put out the most-cited scientific research—and it is still good at developing those ideas. Although many countries possess big reserves of oil and gas trapped in impermeable rocks, American businesses worked out how to free that energy and then commercialised that technology at a rapid pace; the resulting “shale gale” is now billowing the economy’s sails.

Some of the money for fracking technology came from the federal government, but the shale revolution has largely happened despite Mr Obama and his tribe of green regulators. It has been driven from the bottom up—by entrepreneurs and by states like North Dakota (see article) competing to lure in investors with notably more fervour than, say, France.

This fits a pattern. Pressed for cash, states are adopting sweeping reforms as they vie to attract investments and migrants. Louisiana and Nebraska want to abolish corporate and personal income taxes. Kansas has created a post called “the Repealer” to get rid of red tape and pays a “bounty” to high schools for every vocational qualification their students earn in certain fields; Ohio has privatised its economic-development agency; Virginia has just reformed its petrol-tax system.

Explore our interactive map and guide to the stats of America
In this second, can-do America, creative policymaking is being applied to the very problems Congress runs away from, like infrastructure spending. While the federal government twiddles its thumbs, states and cities, which are much shorter of cash, are coming up with new ways to raise money for roads, bridges and schools. Chicago has a special trust to drum up private funds to refurbish decrepit city buildings. Indiana has turned to privatisation to raise money for road-building.

Even education is showing some signs of change. The states are giving America’s schools their biggest overhaul in living memory. Forty-five of them are developing new curriculums. Tests are becoming more rigorous, and schools and teachers are at last being held accountable for results. Thirty-eight states have reformed teachers’ pay, tying it, in many instances, to their students’ exam results. Forty-two now allow independently managed, but government-funded, “charter schools”. It is too soon to tell what this upheaval will yield, but a long overdue shake-up is finally under way.

Stand aside and deliver

Regulation, innovation, infrastructure, education: each of these is crucial to competitiveness. Put together the small things happening in the states, and they become something rather big. That is the essence of the America that works.

And the federal government? On some occasions, it helps—federal laws were a catalyst for the education reforms—but more often Mr Obama and the squabbling Republicans seem irrelevant or obstructive. A federal law restricts tolls on motorways, for example, cutting states off from one obvious means of financing new roads. The federal tax credit for R&D must be renewed regularly, creating unnecessary uncertainty for those who invest in innovation. Congress stops talented immigrants getting into the country (and makes criminals of many who are there). Far more of America would work if Washington seized on the successful ideas in its various state laboratories: the opportunity cost of not doing so is immense.

And it could get worse. The “manufactured crises” in Washington will possibly undermine the things that work. Better schools and cheaper energy are wonderful, but if Mr Obama and Congress do nothing to curb the unaffordable growth in health and pension spending, America will still be going broke. By 2037 such entitlements will chew up 17% of GDP—an unsustainable amount. Even if the America that fails cannot get its act together to help, Mr Obama and the Republicans could at least aim not to wreck everything.

domingo, marzo 10, 2013

Mario Vargas Llosa, La Muerte del Caudillo


La muerte del caudillo

El comandante Hugo Chávez Frías pertenecía a la robusta tradición de los caudillos, que, aunque más presente en América Latina que en otras partes, no deja de asomar por doquier, aun en democracias avanzadas, como Francia. Ella revela ese miedo a la libertad que es una herencia del mundo primitivo, anterior a la democracia y al individuo, cuando el hombre era masa todavía y prefería que un semidiós, al que cedía su capacidad de iniciativa y su libre albedrío, tomara todas las decisiones importantes sobre su vida. Cruce de superhombre y bufón, el caudillo hace y deshace a su antojo, inspirado por Dios o por una ideología en la que casi siempre se confunden el socialismo y el fascismo —dos formas de estatismo y colectivismo— y se comunica directamente con su pueblo, a través de la demagogia, la retórica y espectáculos multitudinarios y pasionales de entraña mágico-religiosa.
Su popularidad suele ser enorme, irracional, pero también efímera, y el balance de su gestión infaliblemente catastrófica. No hay que dejarse impresionar demasiado por las muchedumbres llorosas que velan los restos de Hugo Chávez; son las mismas que se estremecían de dolor y desamparo por la muerte de Perón, de Franco, de Stalin, de Trujillo, y las que mañana acompañarán al sepulcro a Fidel Castro. Los caudillos no dejan herederos y lo que ocurrirá a partir de ahora en Venezuela es totalmente incierto. Nadie, entre la gente de su entorno, y desde luego en ningún caso Nicolás Maduro, el discreto apparatchik al que designó su sucesor, está en condiciones de aglutinar y mantener unida a esa coalición de facciones, individuos e intereses encontrados que representan el chavismo, ni de mantener el entusiasmo y la fe que el difunto comandante despertaba con su torrencial energía entre las masas de Venezuela.
Pero una cosa sí es segura: ese híbrido ideológico que Hugo Chávez maquinó, llamado la revolución bolivariana o el socialismo del siglo XXI comenzó ya a descomponerse y desaparecerá más pronto o más tarde, derrotado por la realidad concreta, la de una Venezuela, el país potencialmente más rico del mundo, al que las políticas del caudillo dejan empobrecido, fracturado y enconado, con la inflación, la criminalidad y la corrupción más altas del continente, un déficit fiscal que araña el 18% del PIB y las instituciones —las empresas públicas, la justicia, la prensa, el poder electoral, las fuerzas armadas— semidestruidas por el autoritarismo, la intimidación y la obsecuencia.
El híbrido del socialismo del siglo XXI ya comenzó a descomponerse y terminará por desaparecer
La muerte de Chávez, además, pone un signo de interrogación sobre esa política de intervencionismo en el resto del continente latinoamericano al que, en un sueño megalómano característico de los caudillos, el comandante difunto se proponía volver socialista y bolivariano a golpes de chequera. ¿Seguirá ese fantástico dispendio de los petrodólares venezolanos que han hecho sobrevivir a Cuba con los cien mil barriles diarios que Chávez poco menos que regalaba a su mentor e ídolo Fidel Castro? ¿Y los subsidios y/o compras de deuda a 19 países, incluidos sus vasallos ideológicos como el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega, a las FARC colombianas y a los innumerables partidos, grupos y grupúsculos que a lo largo y ancho de América Latina pugnan por imponer la revolución marxista? El pueblo venezolano parecía aceptar este fantástico despilfarro contagiado por el optimismo de su caudillo; pero dudo que ni el más fanático de los chavistas crea ahora que Nicolás Maduro pueda llegar a ser el próximo Simón Bolívar. Ese sueño y sus subproductos, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que integran Bolivia, Cuba, Ecuador, Dominica, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda, bajo la dirección de Venezuela, son ya cadáveres insepultos.
En los catorce años que Chávez gobernó Venezuela, el barril de petróleo multiplicó unas siete veces su valor, lo que hizo de ese país, potencialmente, uno de los más prósperos del globo. Sin embargo, la reducción de la pobreza en ese período ha sido menor en él que, digamos, las de Chile y Perú en el mismo periodo. En tanto que la expropiación y nacionalización de más de un millar de empresas privadas, entre ellas de tres millones y medio de hectáreas de haciendas agrícolas y ganaderas, no desapareció a los odiados ricos sino creó, mediante el privilegio y los tráficos, una verdadera legión de nuevos ricos improductivos que, en vez de hacer progresar al país, han contribuido a hundirlo en el mercantilismo, el rentismo y todas las demás formas degradadas del capitalismo de Estado.
Chávez no estatizó toda la economía, a la manera de Cuba, y nunca acabó de cerrar todos los espacios para la disidencia y la crítica, aunque su política represiva contra la prensa independiente y los opositores los redujo a su mínima expresión. Su prontuario en lo que respecta a los atropellos contra los derechos humanos es enorme, como lo ha recordado con motivo de su fallecimiento una organización tan objetiva y respetable como Human Rights Watch. Es verdad que celebró varias consultas electorales y que, por lo menos algunas de ellas, como la última, las ganó limpiamente, si la limpieza de una consulta se mide sólo por el respeto a los votos emitidos, y no se tiene en cuenta el contexto político y social en que aquella se celebra, y en la que la desproporción de medios con que el gobierno y la oposición cuentan es tal que ésta corre de entrada con una desventaja descomunal.
Pero, en última instancia, que haya en Venezuela una oposición al chavismo que en la elección del año pasado casi obtuvo los seis millones y medio de votos es algo que se debe, más que a la tolerancia de Chávez, a la gallardía y la convicción de tantos venezolanos, que nunca se dejaron intimidar por la coerción y las presiones del régimen, y que, en estos catorce años, mantuvieron viva la lucidez y la vocación democrática, sin dejarse arrollar por la pasión gregaria y la abdicación del espíritu crítico que fomenta el caudillismo.
Ni el más fanático de los chavistas cree ahora que Maduro pueda ser el nuevo Simón Bolívar
No sin tropiezos, esa oposición, en la que se hallan representadas todas las variantes ideológicas de la derecha a la izquierda democrática de Venezuela, está unida. Y tiene ahora una oportunidad extraordinaria para convencer al pueblo venezolano de que la verdadera salida para los enormes problemas que enfrenta no es perseverar en el error populista y revolucionario que encarnaba Chávez, sino en la opción democrática, es decir, en el único sistema que ha sido capaz de conciliar la libertad, la legalidad y el progreso, creando oportunidades para todos en un régimen de coexistencia y de paz.
Ni Chávez ni caudillo alguno son posibles sin un clima de escepticismo y de disgusto con la democracia como el que llegó a vivir Venezuela cuando, el 4 de febrero de 1992, el comandante Chávez intentó el golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, golpe que fue derrotado por un Ejército constitucionalista y que envió a Chávez a la cárcel de donde, dos años después, en un gesto irresponsable que costaría carísimo a su pueblo, el presidente Rafael Caldera lo sacó amnistiándolo. Esa democracia imperfecta, derrochadora y bastante corrompida había frustrado profundamente a los venezolanos, que, por eso, abrieron su corazón a los cantos de sirena del militar golpista, algo que ha ocurrido, por desgracia, muchas veces en América Latina.
Cuando el impacto emocional de su muerte se atenúe, la gran tarea de la alianza opositora que preside Henrique Capriles está en persuadir a ese pueblo de que la democracia futura de Venezuela se habrá sacudido de esas taras que la hundieron, y habrá aprovechado la lección para depurarse de los tráficos mercantilistas, el rentismo, los privilegios y los derroches que la debilitaron y volvieron tan impopular. Y que la democracia del futuro acabará con los abusos del poder, restableciendo la legalidad, restaurando la independencia del Poder Judicial que el chavismo aniquiló, acabando con esa burocracia política elefantiásica que ha llevado a la ruina a las empresas públicas, creando un clima estimulante para la creación de la riqueza en el que los empresarios y las empresas puedan trabajar y los inversores invertir, de modo que regresen a Venezuela los capitales que huyeron y la libertad vuelva a ser el santo y seña de la vida política, social y cultural del país del que hace dos siglos salieron tantos miles de hombres a derramar su sangre por la independencia de América Latina.
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